Lisbeth Mondragón tuvo que dar a luz en su casa después de que el Centro de Salud de Teotitlán del Valle, Oaxaca, le informara que no podía atenderla por falta de personal. Con ocho centímetros de dilatación, fue enviada a otro municipio, pero la urgencia llevó a ella y a su esposo a solicitar el apoyo de la partera tradicional Anel González Bautista.
La experiencia ocurrió en un contexto de dificultades para acceder a servicios de salud materna en comunidades indígenas y de persistentes prejuicios hacia la partería tradicional. También plantea cuestionamientos sobre la atención oportuna durante el trabajo de parto y el derecho de las mujeres a recibir información clara, trato digno y acompañamiento.
Una atención que no llegó a tiempo
Mondragón relató que el personal de salud le había advertido durante el embarazo que su bebé era demasiado grande y que su cuerpo era muy pequeño para un parto natural. Sin embargo, el nacimiento ocurrió sin la cesárea que le habían planteado como una posibilidad, con la asistencia de González Bautista.
“Yo ya estaba con ocho de dilatación y aun así nos dijeron que no podían atenderme. La verdad tenía miedo”, relató Mondragón.
La falta de personal y el traslado a otra unidad pueden convertirse en obstáculos críticos cuando una mujer se encuentra en una fase avanzada del parto. En estos casos, la demora o la ausencia de una referencia efectiva pueden afectar la seguridad y la capacidad de decisión de la paciente.
Violencia obstétrica y barreras interculturales
La violencia obstétrica comprende acciones u omisiones del personal de salud que causan daño físico o psicológico durante el embarazo, el parto o el puerperio. Entre sus posibles expresiones se encuentran la negación de servicios, el retraso de la atención urgente, el trato degradante, la falta de información y las intervenciones médicas sin consentimiento informado.
En las comunidades indígenas, la falta de intérpretes en lenguas locales puede profundizar esas desigualdades. La Red de Intérpretes y Promotores Interculturales ha señalado que las barreras lingüísticas dificultan que las pacientes comprendan los procedimientos, expresen sus decisiones y otorguen un consentimiento plenamente informado.
El papel de las parteras tradicionales
Anel González Bautista, partera y médica tradicional zapoteca de Teotitlán del Valle, lleva 15 años acompañando nacimientos y ha asistido 108 partos. Para ella, la partería implica acompañamiento, conocimiento de la paciente y trabajo colectivo durante el nacimiento.
La partera también ha cuestionado la contradicción entre pedir apoyo a las parteras en las comunidades y, al mismo tiempo, transmitir a las embarazadas la idea de que sus servicios no son seguros. A su juicio, esa desconfianza alimenta el estigma y limita las opciones de las mujeres.
Datos de los Servicios de Salud de Oaxaca indican que la entidad cuenta con mil 486 parteras y parteros tradicionales capacitados en 257 municipios. Durante 2025, este personal atendió 402 partos y participó en la entrega de certificados de personas nacidas vivas.
Un nuevo marco institucional
En junio de 2026, los Servicios de Salud de Oaxaca instalaron el Comité Estatal de Partería 2026, cuyo objetivo oficial es fortalecer la coordinación, la regulación y la participación social para integrar la partería en los sistemas de salud.
La incorporación institucional de la partería enfrenta, sin embargo, el desafío de garantizar que los conocimientos tradicionales sean reconocidos sin perder autonomía ni quedar subordinados a prácticas que desplacen la decisión de las mujeres. El caso de Mondragón muestra que la discusión no se limita al lugar donde ocurre el parto, sino a las condiciones de seguridad, respeto y libertad con las que se brinda la atención.

